Ayata gestiona convertirse en patrimonio histórico

    El Municipio de Ayata del Departamento de La Paz gestiona convertirse en patrimonio histórico y cultural de la Gesta Libertaria registrada de 1814 a 1816 protagonizada por el clérigo Ildefonso de las Muñecas, el sacerdote de Tucumán que llegó de Cuzco y que estableció el Batallón Sagrado formando la Republiqueta Larecaja contra los realistas españoles por la independencia de América.

El investigador y educador rural con más de 40 años de experiencia, Flavio Iturri nacido en Ayata, población ubicada a 265 kilómetros de la ciudad de La Paz en la provincia Muñecas, que inició el trámite para el nombramiento patrimonial desde el 2008 todavía sin una respuesta favorable, afirma que el sacerdote fue el “primer guerrillero sudamericano y un héroe olvidado”.

La participación del sacerdote tucumano –destaca Iturri– se expandió con apoyo de patriotas e indígenas del Alto Perú, desde Sorata hasta Charazani, incluyendo las orillas del lago Titicaca y la región de los Lecos en el norte paceño, controló una importante región del altiplano, los valles y parte de las tierras bajas.

“El célebre combatiente que luchó sin tregua alguna junto a patriotas criollos, mestizos e indígenas de diferentes poblaciones paceñas, es un héroe epónimo que fue ignorado durante varias generaciones por historiadores y gobernantes desde la creación de la República de Bolivia”, asevera el investigador.

Detalla al rememorar la historia, que el presbítero Ildefonso Escolástico de las Muñecas nació en 1776 en la ciudad de San Miguel de Tucumán del Virreinato del Río de La Plata. Huérfano de padre fue educado en la ciudad de Córdova convirtiéndose en sacerdote. En 1813 recibió su designación como cura de la Iglesia Matriz del Cuzco y se constituyó para ejercer sus actividades.

“En agosto de 1814 el caudillo indígena Pumakahua dirigió una sublevación a favor de la Independencia, conocida como el Levantamiento de Cuzco y al determinar expandir la insurrección junto a los hermano Angulo, el cura Muñecas y el coronel Pinelo dirigieron el movimiento libertario hacia La Paz”, explica Iturri.

Dice que a las tropas del sacerdote tucumano se unieron muchos indígenas. Se tiene el registro –detalla el maestro rural– que incluso cercaron La Paz junto a tropas cuzqueñas y que por el estallido de un polvorín murieron cerca de 80 personas de la élite paceña en una gran masacre.

El sacerdote Muñecas realizó el pronunciamiento anticolonial del Batallón Sagrado el 15 de agosto de 1815, establecido en Ayata. “Desde el lugar consolidó la Republiqueta Larrecaja, una guerrilla que resistió por la Independencia de América controlando la región altiplánica, el lago Titicaca y parte de las tierras bajas”, enfatiza el investigador.

PRIMER NOMBRAMIENTO

Según la Ley Nº 103, el Concejo Municipal de Ayata determinó nombrar en 2016, patrimonio cultural y denominar como “Campo Santo de los Libertadores del Alto Perú y de América” al lugar denominado Choquellusca ubicado a una altura de 4.500 metros, al pie del nevado Sorata –hoy nevado Illampu– donde el 21 de febrero de 1816 el jefe realista Agustín Gamarra venció al Batallón Sagrado.

“En Choquellusca el cura Muñecas también fue apoyado por el líder indígena leco Santos Pariamo que llegó a la batalla con 500 flecheros”, detalla Iturri. Explica que el sacerdote tucumano, después de la derrota y la muerte de centenares de patriotas, logró escapar y esconderse en las cuevas de Incasamaña ubicadas en la población de Camata, pero al ser capturado por órdenes de autoridades peninsulares se determinó que sea juzgado en Cuzco.

Al ser trasladado para que sea juzgado en tierras cuzqueñas –afirma Iturri– en cercanías de la localidad de Guaqui, el sacerdote Muñecas, el héroe epónimo fue victimado por la espalda por el capitán Pedro Solar en el paraje denominado Antacagua cerca de la población de Guaqui, donde fue enterrado.

La normativa municipal también establece que la población de Ayata sea ratificada como patrimonio histórico y cultural de Bolivia por la Asamblea Legislativa Plurinacional, una tarea encomendada a Flavio Iturri que inició cerca de una década sin conseguir todavía los resultados esperados.

El Diario.


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